EXPRESAR EL ODIO OPORTUNAMENTE ES LA GARANTÍA DEL AMOR. ¿Cómo recuperar la capacidad de sentir?

LA DURA PERO MARAVILLOSA TAREA DE VOLVER A ABRIR EL CORAZÓN

¿Se puede amar si no se conoce en carne propia lo que es el amor?

 

Los humanos llevamos miles de años ante una situación patológica global relacionada con el amor y el odio. Mientras se sigue agravando algunos pocos se atreven a adentrarse para comprender qué es lo que nos está ocurriendo. Por un lado se nos reprime el odio cuando somos pequeños, nos castran la posibilidad de expresar el enfado; y por otro lado nos enseñan que el amor está relacionado con el otro, con dar, con ceder, con aguantar, con aceptar el chantaje. Ante estas dos variables unidas en las que se reprime el odio y se adultera el amor, el ser humano queda marginado de la posibilidad de experimentarlo e inhabilitado de poder expresarlo.  Las consecuencias para la vida son trágicas, y se manifiestas de infinitas maneras en el día a día. Toda carencia afectiva produce núcleos de ira, rabia, enfado y agresividad. La frustración por no poder sentir y disfrutar el amor nos genera una angustia de tal magnitud que no podemos hacer otra cosa que evitar todo posible hecho que aumente dicho sufrimiento; y por otro lado hacer todo tipo de cosas para distraernos y olvidar esa realidad interna de insatisfacción sentimental.

Parece mentira que aunque nuestras madres y padres nos juren que nos aman y que nos han dado amor,  no hayamos sentido el amor auténtico de ellos, que no hayamos percibido aceptación incondicional, respeto por nuestro Ser. Cuando a los padres les interesa hacer a sus hijos a su imagen y semejanza, ellos no pueden sentir amor ni podrán abrirse fácilmente al amor a otras personas.  Los progenitores están esencialmente errados en las formas de manifestar el sentimiento más valioso para el desarrollo humano. Quizá sea por tener interpuestos tantos errores conceptuales y conductuales de lo que es y de como se expresa el amor.

En una entrevista, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo ha afirmado que cuando un psicoterapeuta ayuda a un adulto normalmente ello habla de multitud de carencias de que niño no vio satisfechas. «Aparece el reclamo del niño que vive dentro del adulto, empieza a quejarse de lo que no supo quejarse cuando era niño«, explica: «Hay que sentir la rabia» Según Naranjo, es tremendamente importante que los adultos sean capaces de «despertar» a ese «niño interior enojado con la frustración de su padre o madre», el cual pueda incluso «llegar a acusarles» y que sean capaces de sentir la rabia aparentemente irracional» que tenían de pequeños. «Porque sin el permiso de sentir esa rabia, uno vive como un animal castrado«, asevera.

El psiquiatra chileno asegura que los seres humanos «somos como esos leones del circo a los que obligan a pasar por un circo ardiente a costa de hambre y del látigo». «Todo animal puede ser domesticado, llega un momento en el que el animal se rinde. Así pasa con la vida humana también, a los adultos hay que devolverles la recuperación del dolor y de la rabia infantil para que vuelvan a estar enteros», constata. 

«Para amar hay que tener la libertad de decir sí o no, no puede ser uno un animal domesticado», afirma Naranjo, añadiendo que hay que salirse de las frases tipo «tengo que ser un niño bueno» o «tengo que amar a mi padre o a mi madre». El experto hace hincapié en que «solo desde ahí se puede propiamente recuperar el amor»

«La rabia incondicional es como el comienzo de una nueva libertad», apunta. En este sentido, el psiquiatra destaca que hay una contradicción en la ética cristiana, «que predica el amor al prójimo pero no predica el amor por uno mismo». «Dice: ‘ama al prójimo como a ti mismo’, pero en la práctica es como si el mensaje que transmite la cultura es: ‘no te ames a ti mismo'», recuerda. «El problema con eso es que no funciona el amor al prójimo si no hay amor por uno mismo«, añade. (*)

Tomo el relevo de lo que afirma Naranjo para adentrarme un poco más profundamente en el hecho de que es tremendamente complicado, por no decir imposible, llegar a amarme si no me han amado, el amor es algo que se aprende y conoce en base a percibir ser amado, la experiencia de haber sido aceptado y respetado; sin eso el amor no existe dentro de una persona, sino más bien existe la necesidad de vengarnos de los otros por no habernos amado o por habernos rechazado.

La ira es amor reprimido.  Cuando se reprime la ira nace la sumisión. La sumisión es odio reprimido.

Es revolucionario proponer: Ámate a ti mismo antes de amar a otros; porque va en contra de todo lo aprendido por nuestra cultura prostituta;  pero es mucho más desafiante proponer: ¡ÁBRETE AL AMOR¡, ¡DEJA DE RESISTIRTE A LO QUE TANTO DESEAS!, ¡PERMITE QUE TE AMEN…! Poder recuperar la percepción original que teníamos del amor antes de experimentar diferentes tipos de traumas, es como volver a abrir el corazón.

CUANDO UN CORAZÓN SE ABRE AL AMOR, ENTONCES SE COMIENZA A PERCIBIR AMOR HASTA DE LA MIRADA DE LOS ANIMALES O DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS… ES CUANDO NOS DAMOS CUENTA DE QUE LA EXISTENCIA NOS HA HECHO PERFECTOS Y QUE NOS ACEPTA COMO SOMOS, QUE SOMOS AMADOS POR LA CREACIÓN, QUE SOMOS BIENVENIDOS POR LA VIDA. SI LUEGO HAY UNA O MUCHAS PERSONAS QUE SE ACERCAN A AMARME, MUCHO MEJOR.

El amor es un fenómeno que se hace posible a través de la apertura, es un imán que se activa, una energía que se atrae, la dirección del amor es hacia dentro, por ello depende de la entrega y de permitirnos recibirlo desde el sentimiento de dignidad y merecimiento.

El proceso terapéutico para recuperar el amor es un proceso de reapertura y reconciliación, y tiene una lógica contundente. Un paso a paso sutil, muy delicado y en orden puede ayudarnos mucho en el camino de regreso hacia el amor. Sin olvidarnos de pasar por cada punto.

1- Darnos cuenta de la distorsión que tenemos acerca del amor. Ver la asociación incorrecta que hacemos entre amor y sufrimiento.

2- Reconocer que no sabemos lo que es el amor y que no lo hemos experimentado en su plenitud; que nuestros progenitores nos han cuidado, protegido, criado y provisto cosas materiales y emocionales pero no amor.

3- Dejar que salta la ira y la rabia por todos (en un entorno terapéuticamente controlado)  por el hecho de que nos han castrado, frustrado y traumatizado. Conectar con el odio a nosotros mismos por haberlo permitido.

4- Comprender a nuestros padres porque ellos no podían darnos lo que ellos no recibieron. Perdonarles y perdonarnos porque interpretamos que no nos merecíamos el amor. Sanar el error de percepción.

5- Recuperar la dignidad y el sentimiento de merecimiento reestructurando la percepción, desarmando las ideas inadecuadas y conceptos falsos sobre el amor y nosotros mismos. Sentir que el amor es para mi, que soy digno.

6- Dar el salto exponiéndonos a los otros, entregándonos a la posibilidad de ser amados, abriendo el corazón al amor, dejando atrás lo que ocurrió y dándole la oportunidad a la vida que nos llene de amor.

7- Recibiendo, sintiendo felicidad por ser amado, agradeciendo que nos llegue lo que tanto anhelábamos. no huir, no sacar conclusiones, no reprochar nada a nadie, no pretender que nos amen de alguna manera, aceptando ser aceptados.

8- Abriéndonos a compartir el amor que recibimos, dejando que salga espontáneamente hacia todas las direcciones.

 

Todas las carencias afectivas pueden ser sanadas, pero es preciso volver al punto en que estábamos abiertos a ser amados, y esa pureza, que en ese momento fue utilizada para condicionarnos y programarnos, ahora se transformará en confianza. La antesala del AMOR.

Lo que realmente se ha averiado en nuestro interior no es por no recibir amor sino por haber comenzado a desconfiar. La desconfianza es lo que sostiene vivo todos los traumas.

CUANDO SE SUSTITUYE LA NECESIDAD DE PROYECTAR ODIO POR LA NECESIDAD DE DAR AMOR, EL ALMA SE HA SANADO.

Alberto José Varela

nosoy@innermastery.es

 

(*) FUENTE: entrevista realizada por RT. link original:  https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/223572-psiquiarta-heridas-infancia-amargar

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