¿IMPOSIBLE CONFIAR? Crónica de un vagabundo espiritual.  5ta parte  Marzo 2007

El coraje de decirle sí a la existencia

El viaje de un vagabundo espiritual es desde ninguna parte y hacia ninguna parte, es una peregrinación sin ningún sentido racional, pues sólo entre esas dos nadas puede suceder el fenómeno más maravilloso para la conciencia humana: confiar. El camino es la única meta y la confianza es la única estación que se repetirá una y otra vez hasta el final del viaje…

El ego y el ser son dos caras de la misma moneda, de igual forma lo es la desconfianza y el fluir, el control y la rendición, o la manipulación y la confianza; es decir que ego, desconfianza, control y manipulación  pertenecen a las mismas caras de una realidad psicológica que apunta a la búsqueda de seguridad en donde la lógica y la razón son la energía que gobierna las decisiones; allí todo está diseñado para crear apegos. Los apegos son amarras que dan seguridad.

Mientras que: Ser, Fluir, Rendición y Confianza, son otras caras de la misma realidad pero que apuntan al no-control, a la inseguridad, al misterio, a lo inexplorado, a lo incómodo y lo desconocido, en donde el corazón y el sentimiento son la energía que les mueve, allí no hay diseños, ni moldes, ni modelos, ni reglas, ni mandamientos, ni pautas, porque el fin en sí mismo es el desapego. Por tanto no hay donde aferrarse. El ego quiere luchar mientras que el ser se quiere rendir.

Si observamos nuestra vida podemos ver que pocas ocasiones hemos sido nosotros mismos, fluyendo y confiando, es decir que pocas veces ha gobernado el sentimiento, que pocas veces hemos dado el poder al corazón.

Quiero hacer una confesión, cuando comencé a escribir este libro se me presentó estas dos opciones, ¿Confío o desconfío? ¿Me dejo fluir o controlo? ¿Sigo a mi corazón o a mi razón?  Después de haber concluido que si hay algo que falta es sensibilidad, amor, delicadeza, cariño, me dije: ¿Qué sentido tiene escribir acerca del camino del corazón si la gente quiere respuestas pre cocinadas que le resuelvan sus dudas intelectuales? ¿A quién le va a interesar el relato de un viaje sin rumbo?  ¿Qué cabida puede tener el lenguaje del sentimiento en el gobierno de la razón?

Aunque este sea un momento terapéutico y espiritual de gran expansión de técnicas, métodos y todo tipo de soluciones, ¿para qué plantear una opción en la que se ponga la mira en los propios recursos y no en las herramientas? ¿A quién le puede interesar auto desafiarse a buscar respuestas dentro de uno mismo, con lo complicado que ello es,  si hay tantas respuestas fuera, servidas en bandeja y fáciles de consumir?

En este acto, el camino que os estoy mostrando es una opción más, quizá la más difícil, pues no doy recetas como sacadas de libros de cocina para ser feliz, ni doy soluciones extraídas de manuales técnicos de psicología, como si se tratara de arreglar algún artefacto electrónico, me estoy dedicando a mostrar mi experiencia en relación a una manera de vivir y transitar el camino, no puedo demostrar que este camino es el mejor, ni el más rápido o efectivo para llegar, sino que simplemente es un camino de la trascendencia, más allá del apego y del desapego. Trascender es tener la libertad de Ser, pero para ello primero es necesaria la CONFIANZA, es decir el coraje de aceptar las cosas como son, el valor de enfrentar la vida tal como se da, porque confiar es saber que pase lo que pase todo está bien.

 La confianza, cuando es autentica, es indestructible, si se necesitan pruebas para confiar no se producirá la confianza, se dice comúnmente: “No tengo pruebas para confiar…”  esto no es confianza, esto es desconfianza. Confiar, sólo si hay buenas razones para hacerlo, no es confiar.

Confiar cuando hay garantías y avales, en realidad es desconfiar. La confianza no depende de la seguridad. Incluso la confianza funciona de manera independiente a la experiencia adquirida, la confianza está libre de condiciones y de conclusiones, es fresca, autentica y pura, no puede ser corrompida por nada ni por nadie. Si alguien decide confiar no podrás romper su confianza, ni siquiera defraudándole, ni siquiera engañándole, pues él ha decidido confiar, la confianza es tremendamente inmaculada e incondicional. La confianza implica el desapego del pasado. La confianza es irracionalidad en su máxima pureza.

Para hacer posible la confianza se debe abandonar todo conocimiento, cuando se confía no se acumulan ideas de cómo son las cosas, la vida o las personas; un ser que confía jamás saca conclusiones, siempre estará abierto mirando lo que sucede con los ojos de un niño.

He hecho un experimento con mi hija Anahí entre los 2 a los 3 años de edad, yo le daba de comer a la noche y cuando la cuchara se iba acercando a su boca, ella la abría para recibir la comida, en ese momento yo desviaba la cuchara hacia mi boca y yo me comía ese bocado, ella me miraba, a veces se reía y a veces me observaba, no entendía muy bien lo que hacía, pero para mí era emocionante ver como ella seguía confiando en mi, cada vez que apuntaba la cuchara hacia su boca con comida, ella abría su boca confiando en mi, su confianza era tremenda e incorruptible, una y otra vez lo hice, y nunca dejo de confiar en mí, a veces le daba la cucharada de comida, a veces no, ella nunca sabia cuando se la daría y cuando no, pero nunca cerro su boca, nunca me dijo: “no abriré más mi boca porque tu no me darás la comida”, no se le ocurrió pensar en que yo no se la daría y aunque luego no se la daba, ella seguía confiando en mi. Así es la confianza, puedes verla en un niño.

No hay ninguna razón para confiar. Cuando hay razones para confiar no es confianza.

La desconfianza es el mejor mecanismo de defensa del ego ya que al confiar el ego es anulado, confiar es bajar la guardia, es exponerse, rendirse sin condiciones, confiar es dejar de luchar, es abandonar todas las resistencias, es abrirse a todo lo que tenga que venir.

Esperanza es una palabra compuesta, es esperar con confianza.  La espera con confianza es como si no fuera espera, es relajación en el suceder, es tranquilidad en la observación de cómo van ocurriendo las cosas sin indicios de ansiedad ni reclamos, sin la más mínima manifestación de quejas o exigencias, sin juicios ni culpas ni condenas.

En la selva y en todo sitio donde hay vida el lenguaje de comunicación para la supervivencia es la confianza, no se puede estar con desconfianza en lugares donde hay vida.

La búsqueda de seguridad en los humanos es prueba de la desconfianza que tienen. Cuando hay seguridad no hay necesidad ni posibilidad de confiar. La confianza fluye en el peligro, abunda en la inseguridad, te rodea por todas partes cuando ya no hay apoyo ni respaldo para sostenerte.  Los bancos piden seguridad para darte un crédito, cuando se exige seguridad hay desconfianza. Si te piden avales y garantías es porque desconfían de ti. Por esa razón han triunfado los microcreditos dados a personas sin garantías, esas personas pagan porque no quieren defraudar la confianza que le han dado.  La confianza es disparadora de responsabilidad, compromiso y entrega total.

La desconfianza es la defensa más importante para el miedo, es una protección, es la prevención más eficaz, por ello una persona desconfiada es impenetrable, tiene cierto poder sobre quien desconfía, al dudar no arriesga nada, es precavido, pero con la misma intensidad que desconfía se vuelve cobarde e inseguro en sus fueros más internos.

La confianza es heroica, cuando confías te vuelves un héroe, superas todas las limitaciones porque confiar es creer en lo imposible; creyendo en lo imposible, lo imposible se hace posible. Si sólo se cree en lo que es posible, lo imposible se vuelve absolutamente imposible. Las cosas que más anhelamos son imposibles porque no tenemos el coraje de confiar.

Confiar es un fenómeno del corazón, es un sentimiento que se va haciendo más y más profundo y de repente deja de ser un sentimiento para convertirse en Ser. Al principio se puede confiar como si fuera una acción pero cuando la confianza llega a su florecimiento se convierte en el mismo Ser. “Soy la confianza” es la afirmación que mejor define a la existencia. Así como el amor es la esencia de la relación con el todo, la confianza es la esencia misma del amor.

El arte de confiar es un arte muy simple, sólo se trata de decir Sí a la existencia. El corazón no sabe decirle No a la existencia.

Sólo el corazón puede confiar, la mente sólo puede dudar y nada se hace posible cuando hay duda. Así como para la mente es imposible confiar para el corazón es imposible dudar.

El corazón es aventurero, ama el riesgo, es explorador de misterios, es descubridor de lo oculto, es curioso con todo lo que es desconocido; ese es el camino que le gusta al corazón, el camino lleno de inseguridad porque a través de la inseguridad se aprende a confiar; la inseguridad es la puerta de la confianza, y solo a través de la confianza se puede llegar a lo esencial, el corazón desea conocer lo que verdaderamente es, pero la confianza implica riesgo, riesgo de perderlo todo, ¡sí!, de perder todo lo que no es. En realidad no hay ningún riesgo, si saltas al río hondo y torrentoso no podrás ahogarte pues eres parte de la corriente, siempre lo has sido pero no lo sabías.

Cuando confías el inconsciente empieza a revelarte muchas cosas que estaban ocultas y la primera de esas cosas es que no hay nada que perder. El riesgo también es una mentira, como lo es el miedo y la soledad. No hay manera de arriesgar nada que sea eterno, incluso aunque el riesgo sea una mentira, si no hay riesgo no habrá posibilidad que nazca la confianza. El riesgo es otra mentira egóica, muy útil, que si es traspasada destruye la inseguridad.

¿Puede que algo trascendente suceda sin confiar?  La respuesta puede darte indicios de por qué no nos suceden tantas cosas que anhelamos tan profundamente.

Quizá llegues a la conclusión de que no confías, pues bien, ese es el comienzo de la confianza, has comenzado a dudar de tu propia pseudoconfianza. Vas bien. Pero para ser un vagabundo espiritual será necesario conectar con la confianza que hay dentro de cada uno pero que ha sido olvidada e incluso sustituida por la desconfianza.

El vagabundo espiritual, que está escribiendo este libro, se está cruzando y encontrando con mucha gente que desconfía, que viven en la desconfianza, que obtienen beneficios por desconfiar; y la única manera de neutralizar tanta energía destructiva es confiando incluso en su desconfianza.

Alberto José Varela

nosoy@albertojosevarela.com

 

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2 comentarios en “¿IMPOSIBLE CONFIAR? Crónica de un vagabundo espiritual.  5ta parte  Marzo 2007”

  1. Valoro la frescura y determinación en el análisis de la confianza como una facultad o actitud humana desencadenante de un enriquecimiento personal; coincido en lo positivo del concepto, en tanto en cuanto, sentirse en confianza libera a la mente de su permanente alerta a potenciales peligros, permitiéndole concentrarse en aspectos más sutiles y, quizá, valiosos de nuestra existencia.
    De ahí a considerarlo el eje del éxito personal, la clave para vencer a nuestro ego, creo que hay un trecho. Vivimos en un mundo donde la palabra «confianza» da sincera deconfianza: o cambiamos el término o cambiamos el mundo.
    un saludo

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