CUANDO MUERE UN PROYECTO DE VIDA ¿Es posible cambiar? (1ra parte)

Sobre la posibilidad de hacer cambios reales,

dar vuelta la página o empezar de nuevo.

Casi todo ser humano tiene un proyecto de vida. Un trabajo, un estudio, una pareja, una familia, una empresa, o todo a la vez, conforma un modelo previamente diseñado que cada persona lo va creando a medida que crece, aprende, se identifica y descubre lo que aparentemente quiere.

Sueña con realizar el proyecto que ha creado con tanta ilusión.
Después que alcanza a hacerlo realidad, o mientras está en el proceso de conseguirlo, se da cuenta que no es lo que le satisface, incluso llega a sentir que no es lo que de verdad quería; surge una profunda decepción y desilusión. Pero también el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre y al cambio.

Empieza a darse cuenta que debe hacer un cambio. Entonces surge el conflicto. ¿Qué haces con un proyecto de vida que has conseguido pero que no te hace feliz? ¿Cómo asimilas el hecho de que has hecho una gran inversión en algo que ya no lo quieres o que no despierta más interés?

Has conseguido realizar en parte o todo tu proyecto de vida pensando que te sentirías muy bien con ello y que sería permanente, pero surge el aburrimiento, la decepción, la ruptura… y es entonces cuando se comienza a buscar otras opciones. Pueden aparecer otros posibles proyectos de vida mucho más apasionantes o desafiantes, que casi siempre son contradictorios con el proyecto que se había creado antes.  Naturalmente observamos y nos asomamos a considerar otros proyectos; a veces son aventuras, otras veces huidas y otras son verdaderas apuestas a crear algo nuevo.

Un proyecto de vida abarca tantos aspectos que el día que nos planteamos cambiarlo es como si tuviéramos que volver a nacer.

De repente tenemos ante nosotros la posibilidad de una nueva vida.

Cuando nos embarcamos en un nuevo proyecto, casi siempre lo hacemos manteniendo en paralelo el proyecto anterior, no nos atrevemos a dejar lo que ya no conquista nuestro corazón, y a medida que avanzamos vamos poniendo más energía y dedicación al nuevo proyecto; pero el anterior sigue ahí, agonizando, manteniéndose sin energía. Otras personas cambian de proyecto de vida pero lo hacen sosteniendo la energía del anterior. Son los casos en los que no se asientan ni crean bases firmes para crecer porque siguen anclados a un modelo caduco.

Las personas que estaban involucradas en ese proyecto original, no entienden lo que sucede pero intuyen que algo no va bien. Todos esperan señales, una noticia imprevista, una decisión… algo que les aclare la situación, porque todos se dan cuenta que esa persona ya ha retirado el alma del proyecto. Se ha ido, pero lo sigue manteniendo ficticiamente, como si aun tuviera la adicción de sostener una antigua energía.

Surgen desde las sombras de un pasado ya muerto, la sensación de abandono, traición y rechazo. Aparece el miedo implacable que intenta impedir el cambio. Se hacen todo tipo de negociaciones neuróticas para posponer la decisión.

Mientras tanto, todos sufren; la mentira envuelve toda la vida y las mil justificaciones no alcanzan a hacer creíble ni un solo de los argumentos que la mente crea para no decidir.

El caduco proyecto de vida aguarda a que nos atrevamos a desarmarlo con el mismo amor que lo creamos, con gratitud y sinceridad, con firmeza y compasión. No es necesario dinamitar aquello que has tardado tantos años en crear. Desmontarlo desde la sinceridad es lo que nos va a garantizar poder abrirnos sin límites a lo nuevo. A veces no se puede realizar un desarme limpio y ordenado, entonces solo es posible el abandono, sin más.

El misterio que nos espera es indescriptible, y sólo depende de nuestra actitud. No hace falta dar explicaciones a nadie, no es necesario justificarnos ante lo que dejamos; hagamos lo que hagamos, sin importar cómo lo hagamos, nunca nos quedaremos con ninguna deuda cuando la verdad marca el camino. En realidad se abre un tesoro que había estado cerrado mientras nos distraíamos con un proyecto de vida que no tenía nada que ver con nuestra alma.

Cuando un proyecto de vida muere, nace una nueva vida, y es la oportunidad de empezar de cero, que no se sujete a modelos ni ideales preestablecidos. Aunque la frustración y la decepción nos sigan para reclamarnos el abandono, no podrán detenernos. Aunque la culpa nos acose a cada momento, no podrá impedir que avancemos en eso que sentíamos desde siempre en el corazón, pero sencillamente no lo habíamos descubierto.

Estamos ante una gran oportunidad. Tenemos un desafío que supera la razón. Muy probablemente nuestra alma lo ha buscado. Ahora, desde lo que nos merecemos, lo hemos atraído.

Ahora es el turno, le ha llegado el momento de realizarse a esa parte de cada uno de nosotros que quiere vivir de verdad y ser feliz. Esa parte que está tan ligada a lo que somos y traemos a la vida.

TODO EL UNIVERSO NOS APOYA CUANDO SEGUIMOS CON CORAJE AL CORAZÓN.

Alberto José Varela

 

EL SALTO 2

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2 comentarios en “CUANDO MUERE UN PROYECTO DE VIDA ¿Es posible cambiar? (1ra parte)”

  1. Muy acertado. Solo discrepo en el hecho de que diga que el proyecto empezado no tiene nada que ver con el alma. Considero que todo camino escogido (ya que te encontraste en él) es necesario para el siguiente desvío (otro camino a escoger). No puedes aparecer de un sitio al otro sin más, debes viajar y por tanto caminar. Gracias por el teXto, necesitaba leer algo así.

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