DESCUARTIZANDO AL RECHAZO (3ra parte) El elixir de la felicidad está compuesto por aceptación, amor, gratitud y comprensión. Está listo para ser disfrutado… ¿Lo quieres beber?

LA ACEPTACIÓN COMO MEDICINA

Aceptar ser aceptados es el manjar más exquisito que podamos beber.

 

Para dar el golpe final que debilite toda la estructura del rechazo nos tenemos que meter de lleno en la aceptación. Un delicioso elixir que parece amargo para una mente que ha distorsionado la capacidad gustativa del corazón.

¿A qué me refiero cuando hablo de ACEPTACIÓN?  Cada vez que utilizo esta palabra soy consciente de que estoy emitiendo una señal de sanación a través de la expresión. Aceptar es un gesto hacia la existencia, es abrir los brazos de par en par, es una actitud que sale de un corazón inocente. Es la manera de definir con mayor exactitud la predisposición natural con la que nace un niño. La ACEPTACIÓN es PUREZA y RECEPTIVIDAD, todo niño humano lo tiene por el hecho de que no tiene la opción de rechazar y que a consecuencia de ello, es permeable  y deja que todo entre, nada deja fuera, todo lo registra. Éste es  el problema principal con relación a las heridas y los traumas humanos; y la infinita capacidad de registrar lo externo e imprimirlo internamente como si de niños fuéramos los causantes de todo lo que recibimos.

Imagínate un mundo en donde todos los niños pudieran registrar la ACEPTACIÓN en los primeros 7 años de vida, aprenderían la máxima lección que guiaría su vida entera: la ACEPTACIÓN de ser aceptados, después de eso sólo puede venir una vida maravillosa. Ya que el ser humano nace con el modo ACEPTACIÓN activado, sin poder renunciar a ello,  cuando nos rechazan, lo aceptamos y con ello aprendemos la peor de todas las lecciones, que condicionará nuestra vida a que sea un infierno. Para revertir esta tragedia humana debemos regresar al origen del proceso y comprender que no nos era posible elegir otra opción. Anular el modo de ACEPTACIÓN en un niño es matarle espiritualmente. Desde nuestra alma somos espiritualmente esclavos de la aceptación y esa es la más bendita esclavitud a la que estamos sometidos por la consciencia.  Los humanos podemos vivir en desequilibrio emocional a causa de haber experimentado el rechazo de mil maneras, pero en lo más hondo conservamos las bases de la sanación porque mantenemos intacta nuestra esencia y la potencialidad de volver a ser inocentes. Por consecuencia, recuperamos la capacidad de limpiar la mirada que tenemos hacia nosotros mismos, hacia el mundo, las personas y hacia todos los hechos que nos han ocurrido.

La aceptación es una respuesta a todo lo que te ocurre, es decir SÍ de corazón.  El amor es la energía que se desprende de la aceptación para unirte a todas las cosas y personas; la gratitud es el sentimiento que nace por experimentar el amor en las relaciones; y la comprensión es el resultado de haber integrado el pasado, lo externo y a los otros adentro de tu Ser. Cuando esto sucede te encuentras en el cielo bendito. Pero cuando no hay aceptación desde  el inicio, todo el proceso que viene después se corrompe y desvirtúa, adquiriendo una dirección guiada por el rechazo. Es entonces cuando se hace indispensable volver al comienzo del camino para corregir la dirección a través de la reconciliación.

 

Enfrentándonos al rechazo

En estos días estuve con 5 de mis 6 hijos y mi compañera Paula compartiendo el cumpleaños número 28 de Aneley, una de mis hijas. Nuestra manera de festejar este tipo de eventos es un tanto diferente a lo convencional, mientras brindábamos les pregunté a todos: “¿Qué es lo que rechazáis de vosotros mismos?” Todos me miraron como diciéndome: “¿esto es un cumpleaños o una sesión de no-terapia?” En ese momento, Amelys que es la más pequeña y la que lidera este tipo de movimientos internos (es como mi secretaria espiritual), empezó a organizar los turnos para que cada uno comenzara a expresarse.  Uno a uno fuimos expresando con sinceridad aquello que rechazamos de nosotros mismos, siendo yo el último de la ronda. Entonces propuse  iniciar de nuevo la dinámica  de compartir, pero con algo mucho más entretenido y les dije: “ahora vamos a decir a quién rechazamos”.  En ese mismo instante dijo Amelýs: “yo primera por favor”,  “yo rechazo a… “  y dijo el nombre de un amigo muy cercano a ella. “¿Qué parte de él rechazas?” le pregunté, y ella respondió: “casi todas”, entonces les sugerí a todos que pudieran observar el hecho de que las personas que rechazamos tienen partes que también aceptamos, esas partes no debemos dejarlas de lado porque del reconocimiento de todo lo que aceptamos proviene la gratitud y la conexión con los otros.  Por otro lado, les dije: “es fundamental aceptar el hecho de que rechazamos”.

La aceptación al rechazo es vital para la sanación. Si rechazas a alguien y además juzgas el hecho de que le rechazas, se genera un doble efecto de rechazo en dos direcciones que acaba siendo destructivo para el que rechaza y para el rechazado. En el momento en que  puedes observar las partes que rechazas del otro y aceptar tu actitud de rechazo, se inicia un proceso de aceptación de aquello que está ocurriendo. Este es el primer paso del proceso de aceptación. Aceptar el rechazo que sentimos por otros no significa que hay una resignación o una autoafirmación que justifica la acción de rechazar,  por el contrario, ocurre una confrontación al rechazo, le estamos diciendo: “TE ACEPTO”.  Todos nos hemos dado el permiso de expresar el rechazo hacia diferentes personas, y lo hemos hecho sin culpa, comprendiendo nuestro rechazo y riéndonos de las causas que exponíamos para justificar el porqué rechazamos a otros.

El rechazo debiera ser  tema de conversación de amigos y familias, de partidos políticos y organizaciones espirituales, ya que de alguna manera todos estamos reaccionando ante la vida de acuerdo a la actitud que asumimos ante el rechazo, por tanto poder hablarlo y compartirlo nos abre el camino a la aceptación.

En este sentido, si no aceptamos el pasado no podremos acceder a un futuro de aceptación. Si no aceptamos lo que no nos gusta no podremos acceder a lo que nos gusta. Esta actitud tiene connotaciones místicas también, porque si no aceptamos lo que vemos no podremos acceder nunca a lo que no vemos. Si no aceptamos nuestros rechazos no podremos acceder a la aceptación del hecho de aceptar. El rechazo jamás podrá garantizar que cambie aquello no nos gusta o que desearíamos que nunca hubiese ocurrido, por el contrario, sólo puede empeorar la situación que rechazamos.

Parece muy fácil plantear la premisa “si aceptas ser aceptado vas a vivir en la gloria bendita, te llegará todo lo que siempre has querido” pero el proceso es complejo, tiene muchas curvas y no hay que descuidarse ni un segundo en el camino de la sanación. Más tarde que temprano llegarás a destino, te reencontrarás con la esencia.  Cuando se recupera la inocencia y la dignidad se reactiva en la consciencia se inicia un proceso de desestructuración del rechazo. Recuperar la inocencia nos permite cambiar el lugar desde el cual vivimos lo que nos ocurre; reactivar el sentimiento de dignidad nos abre a todo aquello que nos merecemos.

Es importante comprender que la aceptación no llega de golpe, va llegando poco a poco, como el dulce efecto sanador de haber tomado la medicina más bondadosa y curativa. La aceptación irá abriendo un espacio de perfección interna, a partir del cual nacerán las comprensiones más profundas que generarán un poderoso imán que atraiga todo lo que nos merecemos.  Cuando la aceptación se asienta como un estado natural en el corazón, comienza una vida llena de satisfacción.

He recibido un mensaje de un lector y facilitador de Inner Mastery, Jorge Miranda de Uruguay, que dice: “He observado en la mirada de la mayoría de las personas un miedo a no ser aceptados, la mayoría de las veces me he quedado ahí, en esa mirada superficial, entonces es como si me convirtiera en el miedo del otro, desde ahí todo se siente como pura incomodidad y resistencia. Pero cuando desde dentro de mí, miro al otro  penetrando en su mirada de miedo, la traspaso desde el amor entrando en su miedo y de repente estoy más allá de ello, accedo a un espacio puro. Es increíble que en una fracción de segundo suceda este fenómeno; al penetrar en esa mirada, llego a la aceptación, y ocurre que dentro de mí se crea un campo de energía, me surge una voz interna que dice -estoy bien aquí, ACEPTÁNDOTE- Entonces siento y le hago sentir al otro que no está separado de mí, que hemos creado un vínculo de aceptación, totalmente lo opuesto al juicio, a la división y al rechazo, estamos en casa.”

El poderoso efecto sanador de la aceptación resulta letal para todo tipo de heridas o traumas, es un antídoto que no falla ante cualquier hecho imprevisto o inesperada mala noticia. Recuperar la capacidad de aceptar, amar y agradecer pone punto final a cualquier proceso de sufrimiento o incomprensión.

Por lo pronto yo sigo en la gira de presentación de mi nuevo libro sobre el VIAJE INTERIOR, confirmando a cada paso de este viaje por Sudamérica y Europa que hay algo que me acompaña siempre, como si fuera alguien o algo que me cuida y guía en cada cosa que hago, en todo lo que digo o decido, llevándome una y otra vez siempre hacia adentro de mí, inspirándome a mirarme para revisar el estado de mi esencia y cotejar que la inocencia está libre de condicionamiento, y que el principio activo sanador de la aceptación está disponible para ser usado en cualquier momento o situación y con cualquier persona.

Para mi ego, mis personajes e identificaciones, aceptar es equivalente a beber el más letal de los venenos. Puedo asegurarte que este veneno es mortal, no deja ninguna posibilidad de sobrevivir, se trata del único veneno que actúa sobre el sistema nervioso central del condicionamiento humano.  Si lo bebes te matará, y renacerás a una nueva e indescriptible manera de vivir.

 

Alberto  José Varela

nosoy@albertojosevarela.com

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