LA DESIGUALDAD EXISTENCIAL (1ra parte) El impacto transformador de reconocer que no somos todos iguales nos permite sanar el sentimiento de injusticia.

SOMOS DIFERENTES, HAY MEJORES Y PEORES ¿CUÁL ES EL PROBLEMA? 

Mientras no aceptemos y superemos las diferencias entre seres humanos, viviremos en el complejo de superioridad e inferioridad.

Ningún ser humano es ni puede ser igual a otro. Incluso dos mellizos o gemelos son diferentes. No hay dos huellas dactilares iguales, aunque fuéramos trillones de seres humanos no habría dos iguales. En este sentido es de reconocer el enorme respeto que tiene la existencia de hacernos tan únicos e irrepetibles. Esta individualidad es el mayor tesoro que tenemos, es lo que nos hace diferentes antes los otros.

El problema puede surgir con la fuente creadora o con los otros, a veces ocurre con ambos. Con la fuente creadora ocurre cuando rechazamos lo que somos, cuando no aceptamos parte o todo lo que se nos ha dado.  A veces el color de piel, el sexo, la altura o medidas del cuerpo, otras veces por la personalidad, el carácter o el temperamento que tenemos. Este rechazo muchas veces lo trasladamos a los progenitores porque le atribuimos lo que somos a ellos, a su genética o su manera de habernos educado. Otras veces rechazamos lo que nos ha tocado vivir, alguna cosa que nos ha ocurrido, algún trauma o herida que no logramos aceptar. En todos estos casos hay una ruptura con la fuente externa de nuestra existencia.

Muchas personas, en vez de discutir con la fuente creadora, entran en discusión con los otros por el hecho de que son diferentes, por lo general el problema surge cuando el otro es mejor, cuando brilla más que yo, cuando se muestra más esplendido, original, vital o carismático, cuando se nota que crea más atracción, que es mas fuerte, guapo, inteligente o capaz, cuando su gracia y encanto me supera.  En este caso el conflicto es personal y operativo más que existencial, aunque detrás pueda haber un conflicto mas profundo.

Mucha gente esta a gusto con como ha sido creado y por lo que ha recibido, pero entra en comparación cuando ve en otros lo que él no tiene, es allí cuando surgen los celos, las envidias y el resentimiento que subyace de esta percepción.

La raza negra fue considerada por primera vez cuando se pudo aceptar la idea de que todos los hombres no son iguales, pero ante la ley si lo son.  Abrahám Lincol lideró esta campaña de profunda comprensión social que permitió comenzar a tratar a los negros igual que los blancos. Fue un líder de la igualdad racial. Aunque los blancos se creían (y creen) superiores, aceptaron la idea que fueran tratados de igual manera por la ley. Fue un gran avance en la humanidad.

Esta idea creó una división fundamental para la comprensión de las diferencias y las igualdades. Dicho de otra manera, somos iguales ante la vida, ante la existencia, ante la creación, pero no ante otros seres vivos. No solo soy diferente a mi perro, sino que soy diferente a otros escritores, soy diferente a otros seres humanos, muy inferior a otros, muy superior a otros, yo ocupo un determinado lugar en la existencia.  Me han dado un puesto que ocupar en la empresa de la vida, y el día que me muera o renuncie nadie podrá cubrir mi puesto, es irremplazable, no hay ninguna posibilidad de que otro ocupe mi lugar, sencillamente porque soy único. Esto es maravilloso para entrar en armonía con lo que somos.

Los humanos no somos todos iguales, algunos traen cosas del más allá que son notoriamente diferentes y especiales, otros están tan pringados con los condicionamientos que no pueden ni acceder a lo que han traído; se han olvidado de lo que son y de lo que tienen; incluso crean una vida basada en lo que no son, dejando de lado la autentica esencia, quizá por no conocerla o por haberla olvidado.

Estaba comiendo con mi hija Amelys y su mama Paula, y ella me preguntó ¿Qué he traído yo que sea solo mío?  Yo le respondí: “Ese amor que tienes por los animales, eres una apasionada de tus gatos, tu perro y tu caballo.  Mama y yo no hemos traído eso, eso es tuyo y te permite tener una relación con los animales que disfrutas mucho, son como tus amigos” Su mirada se ilumino y me dijo: “Sí, eso es mío”.  Pero la conversación acababa de empezar.  Luego me pregunto que otras cosas había traído, y le dije: “No todo es tuyo, algunas cosas la has recogido de esta vida, de tus padres, de las experiencias”.  Me preguntó “¿Qué cosas?”  Y le dije: “Por ejemplo eres confrontadora como yo, eres respetuosa como tu madre”. Y ella dijo algo tremendo, que me llegó profundamente al corazón, me dijo: “Eso también lo he traído yo, es mío. Si tu eres confrontador será una casualidad de que los dos seamos así. Y si mama es respetuosa como yo será una coincidencia. Yo soy yo y vosotros sois vosotros, no confundamos.”  Esta declaración ha trastocado todas mis conclusiones, llevo 1 mes replanteándome todo acerca de lo que somos y traemos. Y esto lo voy a compartir en mi próximo post: «LA TEORÍA DE UNA NIÑA DE 9 AÑOS». Incluso las cosas que tenemos en común son diferentes.

Alberto José Varela

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