LA DESIGUALDAD EXISTENCIAL (2da parte) «Yo soy yo, tu eres tu; no confundamos. No somos iguales, parecidos ni similares. LA TEORÍA CONFRONTADORA DE UNA NIÑA DE 9 AÑOS: Amelýs Varela Carmona

LA TEORÍA CONFRONTADORA DE UNA NIÑA DE 9 AÑOS.

Incluso las cosas que tenemos en común son diferentes. “Lo mío es mío, no de mis padres, porque yo lo he traído” Amelýs Varela Carmona

 

Hasta hace unos días pensaba que una cosa es lo que traemos a la vida y otra es lo que recibimos de los padres que puede apoyar o no lo que traemos, pero creía que eran dos cosas diferentes.  Desde que tuve una charla con Amelýs, mi hija de 9 años, sobre el tema, me he replanteado este concepto.

Muchas veces le he dicho: “Tienes la belleza de tu madre” y ella dice; “No es de mi madre, es mía” “Tienes los ojos de tu padre” ella responde: “No son tus ojos, son los míos” ¿Puede la genética darnos el derecho a los padres de decirle a nuestros hijos cosas tan atroces?  “Eres como tu madre” “Ha salido igualita al papá” “Tiene el cuerpo de mamá y la cara de papá” imagínate en la mente de un niño que le dicen esto.  Llegará a la triste y limitada conclusión: ¡SOY MIS PADRES!. Es desde entonces que están listos para sufrir y para ir al psicólogo o a un constelador familiar a hacer mucha terapia.

Pero, y si no es parecido a ninguno de los dos… ¿A que conclusión llegará?  “esta no ha salido ni a la mamá ni al papá” ¿A quien habrá salido?  Otra horrible afirmación. Le implantamos la dudosa procedencia de su genética y quizá se pregunte ¿De que padres vengo entonces?  Es probable que esos niños ya estén listos para vivir confundidos y para ir la psiquiatra.

Es obvio que los padres hacemos y decimos cosas que impactan muy negativamente en nuestros hijos creándoles un condicionamiento del que muy difícilmente puedan salir.

¿Qué pretendemos conseguir con todo esto que decimos en presencia de nuestros pobres hijos que deben soportar semejante aberración?  Quizá sentirnos orgullosos a costa de producirles un daño psicológico.

A veces llegan niños protegidos de las estupideces de los padres, mi hija Amelýs es un caso así, protegida de mi y de su madre; está muy atenta a que no le metamos ideas que le alteren lo que ella es. En este sentido es una maestra y también una fuente de aprendizaje para mi. Ha llegado el momento en que su madre y yo nos tengamos que pensar muy bien lo que vamos a decir porque sino nos confronta. A veces la madre le dice: “Eres una confrontadora como tu padre” pero ella lo niega, dice: “Soy confrontadora pero no como mi padre, es algo en común que tenemos, pero yo ya he llegado así” Evidentemente estamos ante un caso de estudio.

La teoría de Amelýs, obtenida entre un resumen de muchas cosas que dice, es que cada uno es como es por lo que trae.  Y si lo que traes es parecido a los padres es por pura casualidad o coincidencia, pero no producido por ellos. Ella dice “Tenemos cosas en común” Evidentemente le está poniendo al alma todos los atributos de lo que ella es.

Por otro lado, ella afirma que da igual si ella nos eligió o no a nosotros como padres, pero lo que está claro es que esto es lo que ella quería experimentar, y así es como ella quería ser.  Dado que soy un experto en confrontación sobre el tema de la identidad, aprovecho la oportunidad para preguntarle a mi hija ¿Quién eres tu?  Ella dice con voz firme y elevada SOY AMELYS.  a lo que yo le digo: «Si te cambiáramos el nombre ¿seguirías siendo la misma?» ella  dijo: “Sí, seguiría siendo Amelýs, aunque con otro nombre”

Los que somos padres nos queremos atribuir las cualidades de nuestros hijos a nosotros mismos, y eso es un gran error.  También es cierto que nos duele reconocer que ella es ella por ella misma y no por nosotros, porque los progenitores creemos que estamos dando a nuestros hijos todo lo que les va a ayudar a ser ellos mismos. Y aquí está el tema central y profundo, que hay niños que nazcan donde nazcan y vivan donde vivan o con quien vivan, van a ser ellos mismos. Irán contra viento y marea, se pondrán en contra de quien sea, pero harán lo que sienten. Ha habido muchos casos en el mundo, pero son pocos en relación a los millones que somos. Lo que más me hace reflexionar el caso de Amelýs es que si una niña trae esa decisión desde antes de nacer, y luego además es apoyada incondicionalmente por sus padres a ser ella misma, entonces se produce una gran coincidencia que facilita todas las cosas. Aunque para nosotros muchas veces es motivo de una satisfactoria complicación.

Cuando Amelýs nació yo estaba ahí y vi su mirada, abrió los ojos al instante de nacer, vi en su mirada que me decía “Que nadie se interponga en mi camino” “Que no me molesten por favor” “Yo quiero ser yo misma”.  Luego, el paso de los años y de la vida mete a los niños en grandes encrucijadas porque tienen mil maneras de olvidarse de quien son y de donde vienen, por tanto también se olvidan de lo que traen. Esto es normal. Pero cuando Amelýs nos dijo que ella no quería ir a la escuela, nos saltó la alarma. Era el momento justo que la niña se normalizaría socialmente.  Insistimos (equivocadamente) en llevarla a la escuela con 4 años, pero no duró ni un mes. Hizo todo lo inimaginable para que la retiráramos de la escuela, el último día que iba a ir a la escuela, le dije a la mama “Intentemos por ultima vez a ver que pasa”  la llevó a la parada de autobuses donde venían a buscarla, ella espero sigilosa y tranquila a que llegara el autobús y abriera la puerta, y cuando debía subir,  dio un salto hacia atrás y se abrazo a un cartel como si fuera una garrapata, no había manera de separarla de ese poste, se había fundido con él, el conductor insistía que debía subir pero no había manera de separarla del poste que abrazaba, entonces la madre dijo “No hay nada que hacer”  el autobús siguió su camino,  llego a casa contenta, y su mamá Paula me dijo: “Me rindo”.  Así es que la niña estuvo sin ir a la escuela hasta casi cumplir 7 años, yo le había dicho que cuando le apeteciera que me lo comunicara así la llevaba a la escuela el día que ella eligiera.  Y ese día llegó de sorpresa. Nos mudamos a un pueblo muy pequeño cerca de Madrid, y al llegar allí ella me dijo un día: “Papá, quiero ir a la escuela” ese mismo día la llevé, pero solo faltaban 2 meses para acabar el ciclo escolar, era el mes de abril más o menos.  La recibieron igual en la escuela, sorprendidos de que la niña no hubiera ido antes a la escuela y que no supiera leer ni escribir.

Tardo muy poco en aprender a leer y escribir, al año ya era una de las mejores alumnas. De hecho, que ya está en tercero, no ve la hora de que llegue el día de ir a clases, no quiere vacaciones, ama la escuela a los niños y los profesores.  Yo le digo que no haga deberes de la escuela porque es mejor que juegue, pero ella dice que es su responsabilidad.  A veces la invito a ir en mis viajes a otros países, me a acompañado a unos 20 países desde que nació, pero ahora no quiere ir más a ninguna parte porque dice que la escuela es lo más importante para ella.  ¡Qué extraño es todo esto!  Por lo menos contradictorio.

Ver su comportamiento ejemplar en la escuela es incompatible con lo que le hemos enseñado, de hecho, que en casa le damos lecciones de lo que significa cada mala palabra y se la decimos a ella, y ella a nosotros, jugamos a insultarnos.  Pero ¿Cómo es esto de que luego va a la escuela y jamás dice ni una sola palabra que pueda herir y molestar a nadie?   En nuestra casa se la ve rebelde, soberbia, altanera e independiente, pero en la escuela nos informan que es sociable, educada, humilde, y que se integra con todos los niños, cumplidora y respetuosa.  Entonces un día le pregunte a Amelýs, «¿quien eres tu?, la de la escuela o la de la casa, porque son dos Amelýs diferentes». Ella respondió: “Soy una Amelýs en la escuela y otra Amelýs en mi casa, pero me gusta más la de la escuela, aunque no soy ninguna de las dos”

En fin, estamos ante un caso que me va a dar mucho para escribir, y sobre todo aprender. Quizá al compartirlo con otros padres pueda dar pistas.

Mi sentimiento es que debemos reconocer, respetar y apoyar la libertad de nuestros hijos. Es lo más precioso que traen del más allá. Que ellos necesitan percibir que hay amor y limites, que puede haber caos y responsabilidad, que pueden convivir en la normalidad social sin anular su individualidad, que pueden ser sinceros en todo momento sin que nadie les juzgue o rechace; que pueden obedecer sin ser sumisos. Libertad de sentimiento es la base de la salud psicoemocional infantil.

Porque sin libertad el niño se acaba convirtiendo en un esclavo de cualquier cosa. Si lo que aprende es a ser sumiso, caerá en las garras de un sistema dominante que anulará su auténtico Ser. Cuando esto ocurre (y ocurre a la mayoría) se instala un sentimiento de SER INFERIOR o de SER SUPERIOR, son dos maneras de expresar la misma frustración. Las dos caras de la moneda de la dominación. Esas identificaciones con ser más o menos que el otro creará relaciones de explotación y desigualdad,  ya que será utilizado por una parte por seres que se creen superiores -desde el complejo de inferioridad que padecen-, y por otra parte será aceptado por seres que se creen inferiores -desde el complejo de superioridad que reprimen- para conformar una sociedad evidentemente enferma de SUPREMACÍAS, RACISMO Y DISCRIMINACIÓN.

Esta diferencia que existe en cada uno de nosotros, tanto en lo que somos y traemos como en lo que recibimos,  es la prueba y la garantía de que podemos recuperar la integridad individual, reestableciendo los valores originales con los que hemos nacido, yendo más allá de lo que se nos ha impuesto y obligado.  Una tarea titánica pero maravillosamente sanadora.

Gracias Amelýs por no permitir que te contamine.

nosoy@albertojosevarela.com

 

TERAPIA SISTÉMICA PARA FAMILIAS CON ISAMAR GUTIERREZ (Terapéuta venezolana residente en USA)

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Marisa Marco
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Marisa Marco

La magia de Amelys

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Hay niños que traen a este mundo una sabiduría que viene como «de serie». Nos muestran un hermoso ejemplo de libertad y nos ayudan a entender el aparente caos de nuestra existencia. Es una bendición contar con un ser como Amelys en la familia.

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