LA FALACIA DEL MAESTRO INTERIOR (2da parte) Cuando el ego nos hace creer que es un maestro espiritual y que tiene el poder de guiarnos. (CLASE PREPARATORIA PARA LOS PRÓXIMOS CICLOS FORMATIVOS DE LA ESCUELA CONSCIENTE)

LA MAESTRÍA INTERNA ES UN PROCESO DE REALIZACIÓN, EL MAESTRO INTERIOR ES UNA ILUSIÓN.

Uno de los grandes secretos del auténtico empoderamiento personal está en saber diferenciar un estado de una actitud.

Si te digo que el maestro está en ti y te lo crees, estás en problemas porque el que se cree ser maestro es el ego (o personaje que dirige la vida). Desde la necesidad de no querer depender de nadie surge la falacia del empoderamiento (creer que podemos aunque no podamos todavía). A veces los niños quieren caminar pero todavía gatean y no tienen las fuerzas para dar pasos firmes.  En esta diferencia, entre lo que se cree o quiere y lo que se puede, surge una grieta que puede provocar un terremoto en cualquier momento. Toda creencia crea una sensación de realidad, y si te convences de que estás en lugar más elevado del que estás, o que ya has llegado, estás listo para dar conferencias, escribir muchos libros e incluso dar cátedra, pero desde la falacia de haber encontrado al maestro interior, no desde la realidad de estar viviendo la vida desde la maestría.

«El maestro interior es un ocupa, que asume un poder que no le dieron para imitar un rol que no conduce a nada»

LA LIMITACIÓN QUE ESCONDE LA BÚSQUEDA DE INDEPENDENCIA:

Si a un niño se le enseña a que aprenda por sí mismo, se le puede estar motivando por un lado a la independencia, a que resuelva los asuntos sin ayuda externa, pero por otro lado se le estará exponiendo a gravísimas inconsistencias en la base del aprendizaje, pues todo sistema de aprendizaje debería transferir fundamentalmente confianza sin que ello suponga un corte con lo externo sino más bien un acercamiento. La gratitud y el reconocimiento hacia quién le apoyó  en su proceso de descubrimiento, demuestra que el niño se abrió a recibir. Todo niño necesita confiar en quien le guía, así nace la confianza, con una relación con lo externo. En realidad un maestro o profesor debiera enseñar a confiar, nada más. Pero el proceso puede ser inadecuado y producir el efecto contrario. Puedes querer liberar a una persona y sin embargo la estás esclavizando mucho más. ¿Cómo se produce este efecto inverso?

Es cierto que si se condiciona se esclaviza, pero además, si no se condiciona también se le esclaviza, porque la experiencia humana incluye ambas experiencias, es la navegación entre el condicionamiento y el descondicionamiento, y para semejante viaje entre las majestuosas olas oceánicas del misterio se requiere incondicionalidad.

«Ser incondicional es amar tanto la esclavitud como la libertad»

Por otro lado, si se enseña la dependencia se esclaviza, si se enseña la independencia también se esclaviza. Porque la necesidad de ser independiente es un tipo muy sofisticado de dependencia, ya que te hace depender de la idea de que puedes ser independiente y te hace depender de la necesidad de demostrarte que eres independiente. Estoy hablando de la resistencia enorme que hay en el ser humano a la interdependencia. Yo dependo de otros y otros de mí. Es una situación maravillosa que me permite ser discípulo y maestro a la vez, que jamás me va a permitir creerme que ya he encontrado a mi maestro interno, sino que estoy en un proceso de maestría interna en el que estoy aprendiendo a ser tan dependiente como independiente a la vez, tan condicionado como descondicionado a la vez. Es la manera que tiene la eternidad de moverse en la finitud de lo material.

“La incondicionalidad y la interdependencia son las columnas sobre las que se sostiene la maestría interna”

 

ALGUNAS DIFERENCIAS ENTRE EL MAESTRO INTERNO Y LA MAESTRÍA INTERIOR.

El maestro es una figura idealizada, es algo fijo, es un estado al que se aspira llegar, una meta que alcanzar. El deseo de ser maestro es en sí mismo contradictorio a la esencia de lo que es una maestría interna.  La maestría es una destreza, una actitud, una gran habilidad que se adquiere, un manejo extraordinario y experimentado de situaciones, es saber moverse entre lo difícil, lo complicado, lo desconocido y lo peligroso sin que domine el miedo ni la inseguridad. La maestría es un conjunto de movimientos sin que haya “alguien” que los provoque o ejecute. Si no hay nadie, hay maestría, si hay alguien guiando hay maestro interior.  Si le preguntas a alguien que está experimentando el proceso de maestría interna ¿Quién te guía?  Te responderá: “NO LO SE”. Existe la guía pero no el que guía, porque si hay alguien que guía es un personaje, que aunque cumpla su función, no tiene la capacidad de llevarnos más allá de las limitaciones.

Puedo asegurar a esta altura de mi vida y con la experiencia recogida en muchas décadas que cuando se habla del maestro interno se está hablando de una fantasía muy bonita pero irrealizable, ser maestro de uno mismo o de otros es un constructo mental basado en polaridades ya que te obliga a ser una u otra cosa; pero cuando me refiero a la MAESTRÍA INTERNA hay integración de polaridades, lo externo inspira, apoya, provee, sustenta, aclara y guía. Es un proceso de maduración del Ser en el que surge espontáneamente la sabiduría interna por interacción con otros. Cuando un individuo se dedica a recibir y sólo recibir sin la necesidad de dar o devolver, llega un momento en que rebosa de comprensión y amor, la compasión es la comprensión más refinada que existe; entonces surge natural la emanación hacia fuera de aquello de lo que se ha llenado, es un proceso de sanación en el que se permite que algo nuevo entre y algo diferente a lo que entró salga transformado.  Cuando lo que se recibe de afuera pasa por el centro de nuestro Ser, es inevitable que salga siendo otra cosa más refinada y elevada de lo que entró. A este proceso de transformación interna le llamo MAESTRÍA INTERNA.

El maestro no existe, sino la sabiduría. Dios no existe sino la creatividad.

Tanto la sabiduría como la creatividad, la potencialidad como la divinidad se activan mediante un proceso de maestría interna que nada tiene que ver con la identidad ni la figura idealizada de un maestro. Creer que hay un maestro (dentro o fuera) es querer llegar a un estado determinado: el del maestro; mientras que entregarse a la maestría es darse cuenta que no se puede llegar a ningún estado sino rendirnos ante un proceso que se ha iniciado y que nos conducirá inevitablemente a la transformación.

Estoy a favor de que busques a tu maestro interno o externo, cada cual está en su momento, pero si lo haces te sugiero plantearte la pregunta ¿Quién lo busca? ¿Con qué maestro te puedes encontrar? Adentro de un ser humano no hay nadie, nunca lo hubo ni lo puede haber; los humanos hemos creado a “alguien” que llene ese espacio vacío, y lo hemos hecho a golpe de identificaciones que han generado una identidad falsa, limitada e insuficiente. Puedes llamarle “ego”, “yo”, o “personaje”; pero detrás de esa máscara hay una esencia divina, una potencialidad, un no-ser puro y capaz de ser todo.  En este sentido encontrar al maestro interno es una tragedia en la camino de realización porque surgirá la creencia de que ya está hecho el trabajo a raíz de que se alcanzó un determinado estado. Ese momento es cuando se detiene la evolución interior, surge el autoengaño y la ilusión del empoderamiento. Este hecho demuestra que aun no se ha hecho ningún tipo de avance en la conquista de la propia maestría. Si alguien lo viera, al menos avanzaría en autodescubrir la mentira.

Se afirma que el maestro interior es el que sabe, esta es otra demostración de la sospechosa efectividad del maestro interno, porque la maestría nos enseña que nunca se sabe nada, que el saber es algo inalcanzable. El rescate de la sabiduría interna es el máximo poder al que podemos acceder, pero no es como llegar a una biblioteca que lo contenga todo, o en donde se pueda llegar a saberlo todo, sino todo lo contrario, se accede a un espacio vacío en donde todo puede surgir a cada momento porque se está viviendo en la confianza, en la creatividad y en el misterio.

Cuando hablamos del maestro interior surgen entelequias. ¿Quién es? ¿Cómo encontrarlo? ¿Quién lo ha descubierto? ¿Cómo detectar o saber quien se ha encontrado con su maestro interior?  La necesidad de saber crece más y más en vez de soltar toda idea de que se puede llegar a saber algo.

«La sabiduría es una fuente inagotable de maestría, la maestría es una fuente inagotable de sabiduría»

Cuando hablamos de la maestría interna surgen grandes inquietudes por el hecho de sentir que no hay un maestro interno que me guía sino que soy el maestro, es la transformación de la concepción que tenemos acerca de lo que somos; ya que el proceso de recuperar la memoria de lo que somos es la escuela en donde surge la preciosa destreza de encontrar el camino de retorno. La maestría de lo interno es ese viaje hacia adentro que nos conduce al Ser, no al maestro interior, para mí el Ser es el umbral del no-ser, por eso en el Ser no habita algo llamado “el maestro interior” en tal caso ese maestro interior es como el portero de un laberinto que está preparado para no dejarte entrar a un espacio donde te vas a perder, cuando justamente en la perdición está la solución. Cuando no tienes ninguna referencia ni a nada ni nadie en quién apoyarte es cuando estás entrando al misterio.

Debo reconocer que muchísima gente hace este viaje hacia dentro y encuentra la puerta de entrada, pero no entra ya que se encuentra con un personaje espiritualizado (el portero del laberinto) que está esperándote en la puerta de entrada para  ponerle freno al proceso de evolución, él no quiere que entres, te dejará fuera haciéndote creer que ya has llegado y que no hay nada más a donde ir.  Ir hacia dentro a la búsqueda de un maestro interno no da ninguna garantía de que se encuentre la maestría por el hecho de que la mayoría de humanos tiene ese espacio vital interno lleno de una entidad egóica (la identificación con las heridas) que, como si fuera un ocupa, ha invadido el centro del poder personal.  Quiere poder, quiere ser superior, quiere independizarse, quiere ser libre y autónomo, por tanto para mucha gente ir hacia dentro es encontrarse con un monstruo egóico muy elaborado, que encima te hace creer que es un maestro y que con él no necesitarás nada externo.  Entonces estás listo para la gran decepción, que se presenta en cada buscador como un verdugo que viene para matar toda idea falsa de lo que creía que había conquistado. Es parte del proceso de muerte indispensable para que nazca la maestría.

Si así te ha ocurrido o te ocurriera semejante bendición de la consciencia, estás listo para volver a comenzar, has trascendido el autoengaño, el mayor enemigo de la evolución interior.

Alberto José Varela

nosoy@albertojosevarela.com

 

LA FALACIA DEL MAESTRO INTERIOR (1ra parte) Cuando el autoengaño llega a su máximo desarrollo para evitar la rendición. (CLASE PREPARATORIA PARA LOS PROXIMOS CICLOS FORMATIVOS DE LA ESCUELA CONSCIENTE)

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