VOLVER A CONFIAR (2da parte) ¿Cómo deshacernos de las aparentes causas para desconfiar?

LA DESTRUCCIÓN ES LA GRAN META DE LA DESCONFIANZA

¿Cómo enfrentar en el día a día los mil motivos para desconfiar y poder ser libres de crear sin necesidad de creer?

Aunque la causa por la que explicamos muchos de nuestros problemas sea por ser inconscientes, actuar con inconsciencia o por no haber despertado la consciencia, si miráramos en la profundidad, la inconsciencia es un estado que se vuelve permanente y estable a raíz de la desconfianza. Desconfiar es ser inconsciente. Una vez que desconfiamos se perpetua la inconsciencia.

Desde la sombra y sin que nos demos cuenta, se teje un complejo entramado que en el fondo esconde la realidad del aislamiento y la soledad, la decisión esencial inconsciente de cerrarnos a los otros, de dejar de confiar en que puedan ocurrir hechos sorprendentemente preciosos, de anular la opción del cambio, y de no permitir que nada ni nadie pueda revertir este estado de desconfianza.

Cada cosa que pensamos, planificamos o hacemos está guiada o bien por la confianza o por la desconfianza. Pero penosamente la confianza muere a los pocos años de vida de un ser humano, y con ello se pierde el valor más importante para vivir.  Luego queda la otra opción: DESCONFIAR. Como es algo que no conocemos pues no es un valor natural, debemos crear un sistema en el que la desconfianza se sostenga por si misma para protegernos del exterior. Quizá porque hemos llegado a la conclusión de el mundo es hostil, que las personas son malas, que nos pueden herir o que la vida es puro peligro.  La variedad de traumas que nos ocurren en la niñez confluyen a la misma conclusión: ES MEJOR CERRARSE PARA PREVENIR.

El hecho de que, siendo niños inocentes, puros e indefensos, nos abandonen, rechacen, comparen, traicionen, mientan, humillen, desprecien, maltraten, obliguen o sobreprotejan nos lleva casi inevitablemente a desconfiar. Es una ruptura con los otros, una separatividad con lo externo.

La desconfianza es un virus mortal, destructivo y paralizante. Está extendido por casi todos los humanos del planeta.

La desconfianza necesita argumentar, nutrirse de razones objetivas para justificar la actitud de desidia y abandono que se tiene antes de que las cosas ocurran. Pereza, desinterés, desgana, indiferencia, apatía, inapetencia, son sinónimos de desidia y de abandono, y conforman la estructura de la incredulidad y la desilusión sobre la que construiremos nuestros proyectos de vida.

Desconfiar es un acto violento y usurpador. 

Desconfiar es abandonar algo o alguien sin haber llegado hasta el final de la experiencia; es robarle la esencia a la vida o los otros; es quitar la posibilidad de rectificar, de resolver, de evolucionar; es arrancarle el alma a todo lo que pueda hacernos confiar.

Conocí en la cárcel hombres que ha cometido muchos robos pero sin dañar nunca a nadie, ellos lo cuentan con gran orgullo, pero otros cuentan los daños que han hecho al momento de robar, porque les interesa más ser violentos que obtener algo. No es lo mismo robar, que robar con violencia, como delitos están tipificados de manera muy diferente, la violencia le pone un agravante al robo que extiende mucho más la condena. La desconfianza es un robo con violencia, a mano armada,  porque no sólo quiere quitarte lo que es tuyo sino que además quiere destruirte.  A la mantis religiosa no le basta con tener una relación con el macho para quedar fecundada, además quiere comérselo después de haberle usado.  La necesidad de destruir después de usar está presente en la mayoría de actos de la vida humana a raíz de que aun está instalada la desconfianza como sistema protector. 

Desconfiar asegura que se interponga un muro entre lo que no eres y lo que eres, garantiza poner una distancia casi insalvable entre la mentira en la que vives y la verdad que te llama y anhelas; la desconfianza es el aval de la involución, es el precipicio que se abre ante ti para que no sigas por el camino de la realización. Te deja solo, aislado, separado y frustrado.

Confiar es continuar como si no hubiera un abismo ante mí, es seguir dando pasos por el vacio, es caminar sin tener puntos de apoyo, es saltar sabiendo que la vida se ocupará de resolver y poner todo en su lugar.  Es una locura, o mejor dicho, es la locura más grande de todas las locuras. La mente no puede acompañar el salto de la confianza, tiene prohibido el acceso, porque todo lo que se había construido hasta ahora para desconfiar pierde el poder en el momento de saltar hacia lo desconocido e inseguro.

Cuando una persona infectada por la desconfianza está ante algo o alguien que le inspira confiar, más tarde que temprano va a tener que intentar destruirle, porque sería tremendamente grave para seguir subsistiendo en sus actos destructivos si llega a comprobar que se puede crear y construir sin ninguna necesidad de creer en nada ni en nadie, sino sencillamente haciendo cada cosa desde la integridad, sintiendo que por hacerlo de manera entregada y sensible es suficiente para obtener la mejor de las retribuciones; es el amor por hacer lo correcto y lo que te desafía sin tener la necesidad de que nadie te felicite por ello o te reconozca públicamente.

Para confiar no hacen falta causas objetivas porque es pura subjetividad. Para desconfiar es vital tener causas objetivas.  Pero la objetividad es una ilusión, no existe; la física cuántica ya ha demostrado que la realidad es según se percibe, es decir que no es objetiva sino una consecuencia de cómo se quiere ver lo externo. En este sentido cada persona puede crear la realidad que quiera y necesite según como use la capacidad de crear a través de la percepción. La manera de sacar conclusiones acerca de hechos y/o personas proviene de una fuente interna, de una manera de mirar, pero jamás es una razón demostrable objetivamente. Los que desconfían usan muy bien esta ilusión para infectar a otros ofreciendo un gran abanico de causas para desconfiar; son expertos en argumentar; pero en el fondo no es que quieran engañar a nadie sino que están autoengañados y necesitan alimentarse del engaño hacia otras personas. Es un virus que necesita crecer y alimentarse de sí mismo cuando se contagia en otros porque es débil y perecedero, la desconfianza necesita mantenimiento mientras que la confianza no necesita de la confianza de otros porque es autónoma, eterna e infinita.

Es penoso ver como el ser humano está listo para desconfiar. Es vergonzoso comprobar lo desprovisto que estamos ante los supuestos motivos de desconfianza que aparecen para destruir lo que estamos creando, para desmoralizarnos en el momento en que estamos subiendo y esforzándonos, para detenernos antes de que comprobemos que es posible el milagro.

“No hay solución”. “Todo va a empeorar”. “Las cosas me van a ir de mal a peor”. “Me equivoque y merezco el mal”.  “Esto no va a funcionar”. “Mi situación no va a cambiar”. “No voy a conseguir lo que quiero”.  Estas son algunas de las afirmaciones internas que surgen de la desconfianza.  Es la encarnación de la negatividad. Pero siendo positivos no recuperaremos la confianza sino destruyendo la desconfianza a golpe de consciencia.

Destructividad, pesimismo, negatividad, anulación o exclusión son diferentes manifestaciones de la desconfianza. Todas ellas llevan al mismo destino: sufrir, bloquear, estancar, reprimir, endurecer, involucionar, retroceder, odiar…  ¿Así es como quieres vivir? ¿Es bonita la vida de esa manera?

La desconfianza es la manera más refinada en que el odio ha evolucionado durante miles de años en los seres humanos. La confianza es la manera más refinada en que el amor ha evolucionado durante toda la eternidad.

La desconfianza es una recién nacida al lado de la confianza, por ello la desconfianza no puede sobrevivir ante la confianza, necesita utilizar métodos violentos, agresivos, invasivos para tratar de bloquear o destruir cualquier foco de confianza que aparezca antes de que sea demasiado tarde.

La confianza tiene secretos muy profundos, pero solo lo conocen aquellos que confían. No hay manera de conocer los verdaderos recursos de la confianza si no se confía. Es un caudal eterno e infinito que crea un fluir maravilloso entre el pasado y el futuro, es un rio caudaloso de amor que nos lleva a conocer los mejores paisajes de la vida, es la energía más transformadora que existe.

Si te decides a confiar, poca cosa quedará de tu absurdo modelo de vida.

Confiar es la decisión esencial de mayor calibre que puedas  tomar. Sin confiar no se puede amar, sin confiar no se puede ser libre, sin confiar no se puede cambiar nada, sin confiar nunca se puede Ser.

Sin confianza solo queda lugar para vivir en las limitaciones.

¿Qué piensas hacer si no confías?

Si confías no tienes que hacer nada, sino solo saltar. Porque la confianza es el ámbito en donde se desarrolla toda la potencialidad.

 

Alberto José Varela

[email protected]

 

VOLVER A CONFIAR 1RA PARTE:

https://www.albertojosevarela.com/volver-a-confiar-como-deshacernos-de-los-beneficios-y-perjuicios-de-la-desconfianza/

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