SOLUCIONAR EL MALTRATO Y LA VIOLENCIA DE GENERO DESDE LA RAIZ. Una visión confrontadora de un problema global.

MALTRATO O VIOLENCIA DE GÉNERO

Hombres que agreden a mujeres, mujeres que aceptan ser violentadas.

El maltrato es el resultado de una relación entre el maltratador y la maltratada. Un acuerdo de dos partes, la sumisa y la dominante. ¿Cómo sanar este problema desde la trascendencia?

Tengo experiencia en tratar grupos de mujeres maltratadas y violadas por sus parejas, en todos los casos he notado en ellas un fondo de culpa, de indignidad y de falta de autoestima más o menos pronunciado. Cuando cada mujer se da cuenta de lo que vale ella misma, su vida, su salud y tu integridad, sucede algo mágico en ellas, se despiertan a la realidad de que están soportando algo que no les corresponde; es entonces cuando sus ojos brillan y aparece imponente la decisión de acabar con todo acto que no se corresponda con lo que valen.

En ese momento se produce lo que yo llamo: LA GRAN FUGA. No porque se escapen de nada, sino porque deciden salir de la cárcel que ellas mismas -sin saberlo- habían creado.  Están listas para ser libres.

Los maltratadores, que por lo general son hombres, son personas que están muy mal en muchos sentidos, sobre todo en relación a desequilibrios psicológicos y desajustes emocionales que mantienen durante muchos años. Esta situación extremadamente delicada se proyecta como violencia sobre las mujeres. Todo maltrato es un mecanismo de defensa.  Pero más allá de buscar cualquier tipo de justificaciones acerca del maltrato que ejercen, ni tampoco juzgar a ellos sin ningún tipo de comprensión, quiero dar una visión acerca de este asunto, ya que he tenido la oportunidad de trabajar en grupos de terapia con muchas mujeres maltratadas. No tengo experiencia en tratar a hombres maltratadores, por eso poco puedo decir de ellos. Nunca buscan ayuda porque se sienten en un lugar de falso poder, con derechos incorrectamente adquiridos, como por ejemplo la utilización de la violencia.

LA SANACIÓN ES UN PROCESO DE TRASCENDENCIA

Es realmente importante despertar la consciencia para sanar, resolver o superar los problemas que nos aquejan. Desde que despertamos a la consciencia no tenemos otra posibilidad que ir detectando en el día a día todo aquello que nos bloquea, atrapa, esclaviza o hace sufrir, a partir de ahí podemos superarnos a nosotros mismos y hacernos grandes ante ello, para  ponernos por encima del poder que tiene el condicionamiento hacia nosotros.

Aclaremos que el “condicionamiento” son los límites preestablecidos y programados que se nos imponen a modo de protección, pero que operan como barreras para una vida feliz.

Uno de esos fuertes condicionamientos es la sumisión. La orden de que hay que someterse a otros. Entonces cuando sufrimos por ello, no tenemos mejor idea que culpar a esos otros dominantes por los daños que nos hacen. Actitud que denota un estado insano de la persona que acusa al otro.

El empoderamiento personal no se aplica en relación a otros sino en relación a la parte que en nosotros acepta ser sumisa; siendo dominada, subyugada y controlada por otros. El otro que esclaviza es la parte menos importante en la solución del problema.  Cada uno debiera hacerse cargo de su propia vida y situación, observando dentro de sí porqué soportan actos indignos provenientes de fuera. Cuando un ser humano se adentra en esas partes desequilibradas de sí mismo, es cuando puede comenzar a ver las razones del porqué el otro le maltrata.

La trascendencia sucede “en” nosotros mismos, y es responsabilidad “de” nosotros mismos.

Lo primero a trascender es lo exterior. En ese sentido son los diferentes mecanismos de defensa los que no nos permiten centrarnos en nosotros mismos, porque son ellos los que mantienen toda la atención hacia fuera.  Por ejemplo: la proyección, la racionalización, la explicación, la justificación,  los ataques, la negación, la huida, son diferentes mecanismos que utilizamos para defendernos de lo externo, para poner en los otros lo que es propio, para no asumir las partes propias insanas. Señalamos, juzgamos, criticamos y apuntamos fuera para buscar las causas y no miramos hacia dentro.

Un ejemplo muy actual y muy duro a la vez, ante los episodios de violencia de género que se producen a diario en el mundo, en España se debate cómo definir el acto en que un hombre acaba con la vida de su  mujer.  Cuanto esto ocurre, algunos afirman: “Una mujer ha perdido la vida de manos de su pareja”, otros aseguran que habría que cambiar el mensaje y decir: “un hombre le ha quitado la vida a una mujer”  y otros dicen que hay que cambiar unas palabras más para ser precisos en lo que definimos: “Un hombre ha asesinado a una mujer”. Esta sería una afirmación muy realista y contundente.

Desde el punto de vista de la “Sanación Trascendente”,  en realidad ninguna de esas afirmaciones es correcta, sobre todo desde el punto de vista de lo que estamos desarrollando en este artículo sobre la trascendencia del otro.  Podríamos decir: “la parte sumisa y no resuelta de una mujer es la que ha permitido que un hombre la mate”  mucho más duro sería decir: “la parte sumisa y no sanada de una mujer la ha asesinado” El problema de esta manera de decirlo es que hace responsable en gran parte o al 100 % a la mujer, por el hecho de que, sabiendo lo que podía sucederle, no se ha marchado ni ha pedido ayuda.

Parte del problema de fondo en el maltrato de género es que las mujeres sienten que se merecen dicho maltrato, y que no son dignas de salir de ahí.  Hay un libro que se titula: “Mi marido me pega lo normal” que refleja esta realidad, que muchas mujeres ya asumen deben ser maltratadas. Es obvio que están secuestradas por su propio condicionamiento. Si se pone el énfasis sólo en atacar al agresor, no resolveremos nada, y las pruebas lo demuestran, que muy poco se avanza para evitar más muertes. ¿Cómo sería que las mujeres se hicieran cargo del hecho de que les aguantan y no les denuncian…?

Si las mujeres se centraran estrictamente en sí mismas, el problema se resolvería inmediatamente. Pero tanto ellas como las campañas gubernamentales están centradas en acabar con el maltratador. Creen que si se mueren los perros se acabará la rabia. Lamentablemente no es así, ojala pudiera ser así.

La mala noticia de este artículo es que el otro no es el culpable de todo lo malo que nos ocurre. Sino que somos parte connivente.  Nunca debiéramos olvidar que todo problema que no se aborde desde el sentimiento de responsabilidad, no encontrará solución real y permanente.

En el caso de la violencia de género, no estoy hablando de quién es el culpable en el maltrato, sino de responsabilidades. Y de hecho que en todo maltrato de genero la responsabilidad es compartida, una parte es pasiva, la que aguanta; y la otra parte es activa la que maltrata. Es un fenómeno de dos.

Este ejemplo puede servirnos para muchas situaciones. Nos dedicamos todo el tiempo a quitarnos de en medio a la hora de determinar responsabilidades. Si preguntas a cualquier persona ¿Por qué no has hecho lo que debías o como lo debías hacer? Te encontrarás con un abanico de posibilidades de uso de los mecanismos de defensa.  Pero muy difícilmente te encuentres con alguien que diga: “Es por mi responsabilidad, porque no me he hecho cargo”

Estamos ante muchos temas sociales en los que debiéramos plantearnos el grado de implicación directa o indirecta que tenemos. El terrorismo. La explotación. El maltrato. La pobreza y el hambre.  No son más que manifestaciones de nuestra propia miseria no resuelta.

(Extractos de uno de los libro de Alberto José Varela  escrito desde la cárcel de Valdemoro, Madrid)

 

Alberto Varela

Creador del Programa Sanación Trascendente

[email protected]

 

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Emma Aguilera
Emma Aguilera
4 years ago

Me interesa esta experiencia de tan interesante ritual

Alberto José Varela
Alberto José Varela
4 years ago
Reply to  Emma Aguilera

Se pondrán en contacto contigo por email. Donde resides?
gracias

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